Espacio que pretende resguardar voces, experiencias y conocimientos desde el rol
social del bibliotecario. Documentación de archivos orales sobre el patrimonio cultural
intangible conservado en la memoria de los libros vivientes. Entrevistas, semblanzas,
historias de vida. Reflexiones en torno a la bibliotecología indígena y comunitaria.

martes, 22 de diciembre de 2015

Los bibliotecarios y la vocación


“Si hortum in bibliotheca habes, deerit nihil”
Si cerca de tu biblioteca tienes un jardín, no te faltará nada.
Cicerón

A lo largo de la historia siempre se ha discurrido en torno al ser bibliotecario, extrañas personas que como cualquier otra desempeñan una labor en un ámbito determinado, se tratan de pensamientos e ideas que de algún modo buscaron representar un mundo detrás de lo aparente. En algunos casos, merced al imaginario colectivo instalado en torno al estereotipo, ciertos textos que adolecían de rigor académico, buscaron un guiño cómplice con lectores que no se tomaron el trabajo de ejercer el pensamiento crítico, reduciendo la intencionalidad a un entendimiento cinematográfico de la disciplina, en donde los bibliotecarios cumplían un rol pasivo, condenados a representar un papel secundario entre sus conciudadanos. 

Hoy recojo la circunstancia para discernir en torno al oficio prescindiendo del enfoque lúdico, centrado más bien en la representación simbólica del bibliotecario como puente entre culturas, un nexo entre distintas formas de conocimiento, permitiendo organizar y tornar accesible lo que dicha sinergia genera en el espacio de una biblioteca.

Por lo tanto considero oportuno detenerme en la vocación (por cierto cualquiera lo puede comprobar, imaginemos dos bibliotecas idénticas en recursos y servicios, pero pongamos en una bibliotecarios que solo esperan hacer lo mínimo indispensable y en otra bibliotecarios con vocación, y al final del año tendremos dos bibliotecas absolutamente diferentes, una de ellas ordenada y la otra llena de lectores).

Se sabe, están aquellos bibliotecarios que suelen establecer construcciones con su accionar, logran que los libros traspasen los muros de la biblioteca, llevan adelante su entusiasmo sin dejarse vencer por el contexto, en sus espacios de trabajo los libros están manchados, rotos, gastados, son leídos, a veces tardan en devolverlos, pero cuando lo hacen lo que devuelven no es solo el objeto, sino también una interpretación de lo que sus páginas custodian, el nacimiento de una idea, una formulación crítica, una recomendación o sugerencia, el bibliotecario recoge todo eso, lo retroalimenta con otros datos, vincula posibles lectores y temáticas, genera espacios de discusión, alumbra horizontes que antes parecían dormidos. Personalmente siempre desconfié de las bibliotecas deslumbrantes, allí los estantes brillan, los libros son inmaculados, pero la soledad del recinto no deja de representar una terrible contradicción: sin lectores, esas bellas encuadernaciones no tienen ningún sentido, y el espacio deja de cumplir una función.

Una biblioteca bien puede considerarse una casa de cultura crítica, un espacio para interpelar la memoria, un lugar donde compartir lo que cada uno sabe.

Según Horacio González, las bibliotecas “son organismos vitales, centros de lectura e investigación, que documentan todas las formas de vida pasadas y contemporáneas y son a la vez instituciones de la memoria de la humanidad y de la nación. Cada libro o documento vale por sí mismo y por los libros y documentos vecinos a los que conduce. Cada lector por sí mismo forma parte de una red de lectores, y éstos, son una parte fundamental de la conciencia social en movimiento”.

En ocasiones es posible generar allí el propio acervo, la propia identidad. Pensemos cuantos espacios pueden propiciar semejante construcción de sentido, que alguien pueda decir “allí están guardados nuestros valores, nuestra memoria, nuestro pasado, nuestra identidad” ¿Qué habrá pensado el primer escriba que atesoró un conocimiento en una tablilla de arcilla? ¿Qué habrá sentido cuando supo que parte de su memoria quedaba perpetuada en un mero artefacto que el paso del tiempo no podía olvidar? Los bibliotecarios tienen ese carácter filosófico ante el conocimiento compartido, saben que la información es crucial para entender un mundo donde sea posible la igualdad de derecho, y hacia ese destino avanza, forma parte de su naturaleza, con su accionar logra que las personas accedan a un conocimiento fijado en un soporte, la utilidad de poder establecer articulaciones en torno a lo creado por la raza humana, en donde la noción de tiempo desaparece, quedando reducida al simple contacto con la palabra escrita, un conjunto de signos que tienen por destino la curiosidad de un lector, la avidez por aprender, por compartir  y socializar lo aprendido.

Detrás de todos estos significados está siempre el bibliotecario, no importa el estereotipo, su juicio ajeno y atemporal no nos alcanza ni nos define.

Así también las bibliotecas resultan aquellos territorios donde es posible que un conocimiento se transforme en documento, favorecido por el aporte de los lectores, haciendo uso de los múltiples recursos que suelen utilizarse en las diferentes unidades de información que solo los bibliotecarios pueden organizar. Un lugar donde resulta pertinente interpelar la información que se almacena o que se genera en forma interdisciplinaria, un mundo donde caben muchos mundos... 

En su presentación sobre historia del libro y las bibliotecas, Alejandro Parada expresó lo siguiente: “Hablamos de lugares casi biológicos y de entropía negativa, ya que las bibliotecas son uno de los mayores intentos de la humanidad para evitar la pérdida de energía (un don, entonces, entrelazado con la inmortalidad) y, por lo tanto, constituyen el conjuro vital contra la muerte de la Cultura Impresa y los saberes producidos por cada generación que nos precedió”. Esta afirmación nos lleva a considerar el carácter dinámico de una estructura cuyas articulaciones deben ser sometidas a una constante relectura por parte de los bibliotecarios, caso contrario nuestro ejercicio profesional carecería de sentido. Cabría vincular, siguiendo el razonamiento del autor, el problema de la “ahistoricidad”, en el que resulta inevitable concebir la profesión desde el autoconocimiento de su propio pasado:

Si un campo pierde su memoria compartida y gregaria (aquella memoria que nos hace bibliotecarios y no otra cosa) entonces, renuncia a su anclaje histórico, se sustrae a su esencia social, se ausenta de su existencia y, en consecuencia, tiene el riesgo de desaparecer (o de ser sustituida por otras áreas de estudio) como le ha sucedido a muchas sociedades que no reconocen su colectivo memorial. La historia de las bibliotecas, por añadidura, brinda a los bibliotecarios un valor adicional y fundamental, (y citando a Jesse Shera) “el sentido de la amplia dimensión temporal para desarrollar sus técnicas profesionales en un medio estrictamente social”.

Si no somos conscientes del peso de estas definiciones difícilmente ocupemos el rol de articuladores  en las llamadas sociedades de la información. En muchos casos, el poco reconocimiento social de la disciplina, genera en algunos bibliotecarios la necesidad de nombrar las mismas cosas de diferente manera, para luego alertarnos de los descubrimientos, posicionándose en ellos, lo que por fuera parece una actualización de los conceptos por dentro es complejo de inferioridad.

La información se va incrementando a una velocidad difícil de procesar, donde se atraviesan variables como el azar, la arborescencia y la construcción de sentido, los datos se multiplican mientras una masa de información primaria resulta denegada al acceso público, en ese plano el bibliotecario debe trazar las coordenadas del control bibliográfico, buscando ordenar lo que permanentemente va mutando, completándose en documentos móviles, imposibles de fijar para siempre en un catálogo. He aquí una tarea que pareciera no tener fin, y para lo cual necesitamos el auxilio de una lectura heracliteana.

Cabría entrelazar una nueva reflexión de Horacio González, cuando afirma que “el bibliotecario multiplicador es así quien no se clausura en determinaciones que lo tornan un servidor de una maquinaria central, sino en un agente irradiador de culturas diversas, cuya base es su compromiso profesional específico y su comprensión interdisciplinaria”. Dicho entendimiento, cuya dimensión ética atraviesa el carácter humanista y técnico del bibliotecario, nos ubica en un plano bajo el cual debemos tomar como premisa evitar clausurar la  vertiente multiplicadora de la que hablaba el  Director de la Biblioteca Nacional, en ese sentido crítico los bibliotecarios encontraremos elementos para  no fosilizar, con nuestro accionar, el corpus profesional y académico de la disciplina. Por último, es preciso no remover el agua de la fuente para poder discernir con claridad cuando se afirma que “no es concebible una Biblioteca Nacional sin esta compleja visita de un conocimiento en la casa del otro”, la construcción siempre es colectiva, y más en un espacio donde se desarrollan actividades humanas, sociales y comunitarias. 

Esta idea que a continuación comparto, nuevamente por parte de Alejandro Parada, es de las más genuinas que leí últimamente, por su mezcla de sentido común y audacia, porque de algún modo nos interpela y nos retrata:

Todas las bibliotecas, fundamentalmente las de acceso público, deberían poseer un sector asistemático, sin orden prefijado, ni indización alguna, donde los lectores puedan vivir la posibilidad de participar de la aventura bibliográfica de encontrar un libro al azar. Vagar, con libre arbitrio, alrededor de un territorio, impreso o virtual, librado al encuentro fortuito y a la anarquía. Un lugar donde la imaginación y la lectura se centraran en fundar una cabecera de playa librada al gozo lector. Las bibliotecas deben tener su pequeño sitio huérfano del rigor topográfico, caro a los libres traslados furtivos de los lectores. Nos referimos a lo utópico como una constelación de confluencia entre las prácticas, las configuraciones y las representaciones”. 

Cabría saber “leer” las consecuencias de dicha propuesta, analizando que respuestas genera, que asimetría, que empatía, que alternancia, y acaso debamos cuestionarnos que tipo de selección propondríamos en ese hipotético escenario. Por ideas como estas, que seguramente por una mera cuestión de osadía me creo con derecho a interpelar, considero que la profesión va a encontrar siempre el modo de adecuarse a los cambios sociales, culturales, políticos y tecnológicos, ofreciendo discernimiento, propiciando escenarios mucho más apacibles para los lectores en esos recintos imprescindibles y necesarios conocidos como bibliotecas.

Finalizo con una reflexión colectiva, motivada por las apreciaciones de algunos bibliotecarios entrevistados por quien suscribe, sobre el rol social de la profesión. Entre todas las preguntas que formaron parte de las entrevistas publicadas en la Revista Fuentes de Bolivia, hubo una que se hizo frecuente: 

¿Cómo definiría a un bibliotecario?

Las respuestas, que vuelvo a compartir, nos recuerdan lo que somos, nos dice aquello que representamos, lo que nos llevó de algún modo a elegir esta carrera, el enorme valor de nuestra noble profesión. Acaso sirvan para entender una misión, el lugar que ocupamos en una sociedad, mientras el universo de la información se expande infinito a través de la memoria: 

Decía Alfredo Mires Ortiz
El bibliotecario como un orfebre de los saberes, es decir como alguien que junta y comparte las memorias y los decires de todos y de todo. Como un fraguador del acicate, el que defenestra las anteojeras colonizantes a través de la lectura y expurga las páginas de las hegemonías y los dominios. Un bibliotecario no es un distribuidor de papel encolado, no es un autómata de la clasificación y tampoco un suministrador de embustes imperantes. Un bibliotecario es un alentador de herramientas para un entorno que comparte y de cuyos sueños participa”.

Felipe Meneses
Es la persona profesional y/o auxiliar que hace funcionar de la mejora manera una biblioteca o una red de bibliotecas en los sectores públicos, sociales o privados. Es quien desarrolla colecciones y gestiona servicios de calidad para satisfacer las necesidades sociales y políticas del individuo, del grupo, de la comunidad, de la sociedad, del Estado”.

Fernando Báez
Dado que han cambiado las condiciones en estos inicios del siglo XXI, un bibliotecario debe ser un activista del conocimiento al servicio de las transformaciones populares basadas en la transparencia de la información, en la defensa integral del patrimonio bibliográfico y un agente comunitario con una visión democrática que facilite la formación popular de un espíritu crítico y a la vez creativo, participativo, en las bibliotecas. Creo que el bibliotecario debe ser ante todo un luchador con responsabilidad social, partidario ante todo de la pluralidad cultural, defensor del libro como signo de identidad y con la capacidad de fomentar la lectura y la ciudadanía local y global. La crisis económica mundial ha puesto en evidencia que hay una corriente a favor de privatizar el conocimiento, recortar reivindicaciones laborales, constituir grandes latifundios informativos, y eso hay que enfrentarlo con principios cooperativos, con unidad sincera y consciencia popular”.

Ignacio Epinayú Pushaina
Es el garante de la recuperación, organización, preservación y difusión de la información. Eso lo hace una persona con muchos conocimientos, con sensibilidad social, un ávido lector. No solo de textos, sino del entorno para saber cuáles son las necesidades y expectativa de los usuarios. Un bibliotecario debería ser un mediador competente entre la palabra y las necesidades de los usuarios, como una especie de palabrero!”.

José Juncosa
La definición de bibliotecario que sugerimos es la siguiente: es aquel que pone a disposición de los pueblos indígenas y comunidades información relevante para su futuro, para ejercer sus derechos, para recuperar su memoria histórica”.

Mirta Pérez Díaz
Actualmente se define un bibliotecario como “un profesional de la información, una persona que, en el ámbito de una biblioteca o centro de documentación desarrolla procedimientos para organizar la información, así como para ofrecer servicios con el fin de ayudar a las personas para identificar y acceder a la información que necesiten, en sus diferentes formatos”. Sin embargo Gastón Litton, en los años 70 escribió que la labor del bibliotecario debe incluir trabajos y responsabilidades, que se omiten en la anterior definición pero que, hoy más que nunca, resultan sustanciales para completarla: “Determinar las condiciones y aspiraciones del hombre e identificar los problemas y anhelos de la sociedad; Relacionar las necesidades de los hombres y de la sociedad con la accesibilidad de la información y los datos; Determinar qué vías de cooperación deberán ser abiertas entre las bibliotecas para extender y mejorar el servicio en forma conveniente para el mayor número de ciudadanos; Continuar estudiando, manteniéndose despierto y alerta ante la necesidad de adquirir nuevos conocimientos, procurando la mejor preparación posible para enfrentar las exigencias cada vez más amplias de la sociedad.”

Oscar Maya Corzo
Un profesional que tiene frente a sí todos los posibles horizontes laborales, académicos y profesionales que pudiera desear un profesional, y sin embargo, los obvia y desprecia. El bibliotecario es un profesional privilegiado que puede incidir en el presente y en el futuro de la humanidad, ni más ni menos”.


Jesús Pérez Palomino
Pensar la biblioteca, es pensar el conocimiento desde todos los ámbitos. Por eso creo que son los abuelos y abuelas bibliotecas vivas los que poseen el saber hacer de las nuevas generaciones. Por esto, actualmente seguimos trabajando en habilitar varios espacios en donde todas las personas puedan llegar y tertuliar, porque hay un libro que nos les parece, porque hay un libro que recoge la realidad de la comunidad. Finalmente recojo en la biblioteca, lo que han definido los africanos, un griot.

Robert Endean Gamboa
Como el artífice creador de universos simbólicos de información y conocimiento, que muchas veces sirven para articular sustitutos de documentos o los propios documentos; conocedor experimentado de las estructuras, propiedades y características de esos universos simbólicos; y por ende quien puede enseñar y orientar a las personas que incursionan en ellos”.

Y para terminar, bien valen estas palabras de Hugo García sobre el sentido de nuestra profesión, esperando que el próximo año los bibliotecarios sepamos encarnar una resistencia cultural basada en el discernimiento crítico y la mirada amplia y objetiva, pero sobre todo que sigamos haciendo nuestro trabajo de la mejor manera posible:

Porque bien sabemos todos que "la vida pasa, y nos vamos poniendo viejos" en la piel o en el espíritu, y comprendemos que el día indicado es ahora y el ámbito es éste, el nuestro. Así, voluntaria y humanamente, sin disputar los poderes y territorios ya envejecidos de tanto darwinismo cultural, constituimos un nosotros ahora... para poder inscribirnos en el curso de capacitación que más nos interesa, el de servir a nuestra profesión y a nuestros compatriotas de manera óptima y cabal, según metodologías y normas consensuadas y fundadas en principios éticos, científicos y estéticos. Porque aspiramos a situarnos en el mapa local, nacional y latinoamericano para así aportar nuestra labor en el itinerario de los pioneros y los soñadores, de nuestros anhelos y dolores, e inscribir nuestra marca en el diseño de los escenarios y las condiciones de vida deseables, tan anclados en una cartografía nítida y memoriosa como proyectados sobre un horizonte de vida popular y humanista”.


A todos ustedes, forjadores de utopías, muchas gracias…
Los mejores deseos para el próximo año.


Documentos consultados
La historia del libro y de las bibliotecas y sus porqués / Alejandro Parada
http://www.bn.gov.ar/descargas/recursos/jornadas/alejandroparadapresentacion.pdf

Bibliotecología e Historia del Libro y de las Bibliotecas / Alejandro Parada  (ahistoricidad)
http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-17402012000100001

La cuestión bibliotecológica o "el factor humano" / Alejandro Parada   (factor humano)
http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-17402010000200001

Mensaje a los bibliotecarios y trabajadores de bibliotecas de todo el país / Horacio González 
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-288554-2015-12-18.html

Nota:
La imagen seleccionada tuvo por criterio representar a casi todos los colegas entrevistados hasta el momento en este espacio, sería imposible incluir a todos los bibliotecarios y bibliotecarias que de algún modo u otro dignifican esta profesión, vale la aclaración por la inevitable ausencia de nombres y de símbolos en este texto.

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